Empeñados con todas sus posibilidades en expulsar a los
moros de la Península ibérica, los Reyes Católicos, Isabel reina de Castilla y
Fernando rey de Aragón, habían unido sus reinados por su matrimonio. Pero los
persistentes progresos que sus vecinos del Reino del Portugal Algarve hacían
navegando por “la mar océano“ hacia el sur, y al parecer acercándose cada vez a
establecer la ruta marítima hacia el Oriente, no podían pasarles inadvertidos.
Paradojalmente, el éxito de su objetivo de expulsar a los árabes dejó abiertas
las puertas entre el Mediterráneo y el océano, el estrecho de Gibraltar,
permitiendo la libre circulación de los barcos entre ambos mares.
La iniciativa naval portuguesa les permitió ocupar sin
contratiempos las islas Azores y Madeira; pero rapidamente entraron en
conflicto con los Reyes Católicos sus aspiraciones sobre las Islas Canarias.
Cristóforo Columbus,
Cristóbal Colón, en lengua castellana, se estima que había nacido entre finales
de agosto y de octubre de 1451. Generalmente se le considera de origen genovés,
hijo de Doménico Colombo, tejedor de oficio, y comerciante; y de su esposa
Susana Fontanarrossa. Probablemente Colón conoció la vida de a bordo junto a su
padre, cuya actividad comercial lo vinculaba a los navegantes del Mediterráneo.
Dentro de lo incierto de todo lo que se sabe acerca de la
juventud de Colón, generalmente se admite que se inició muy joven como marinero
en buques genoveses, habiendo atravesado el escalafón desde grumete, marinero,
oficial y capitán; recorriendo en los barcos mercantes de los armadores
genoveses, las principales rutas del Mediterráneo desde la península ibérica en
el oeste hasta las islas griegas en el este. También fue marino de guerra, y al
parecer participó como tal en las luchas suscitadas por las sucesión al trono
del Reino de Nápoles; y también navegó como corsario.
Al parecer, esas actividades lo llevaron a las costas
atlánticas de Portugal, donde hubo de refugiarse luego de un naufragio del cual
salvó su vida a nado, hacia en agosto de 1476. De tal manera, pasó una década
desempeñándose en las actividades navales de los portugueses; lo que lo llevó a
navegar en el océano, en las zonas de las islas Azores, Canarias y Madeira, y
en las extensas rutas marítimas de altura, desde Islandia hasta la Nueva
Guinea; adquiriendo una valiosa experiencia como navegante.
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