Las Cruzadas del Siglo XII, habían llevado a muchos
aventureros europeos, tras el objetivo central de recuperar de manos de los
turcos inflieles los Santos Lugares de Jerusalem. El impulso religioso de la
cristiandad se había aliado con los objetivos políticos de los Reyes Católicos,
que habían ido unificando, aunque fuera parcialmente, los territorios de la
Península ibérica; y había robustecido la lucha para expulsar a los árabes de
los territorios que habían llegado a ocupar, especialmente en el sur, en el
Reino de Granada, la actual comarca de Andalucía.
La navegación había
adquirido un nuevo desarrollo. Algunos nuevos elementos habían permitido que
los navegantes con espíritu aventurero se animaran a salir del cerrado ámbito
del Mar Mediterráneo, y a alejarse cada vez más de las cercanías de las costas
oceánicas. La brújula permitía conocer el rumbo con certeza, y el astrolabio
junto con las cartas estelares, permitía determinar bastante bien la posición
de los buques, aún totalmente alejados de las costas familiares.
El aliciente para obtener una ruta entre Europa y el Lejano
Oriente, libre de las interferencias de los turcos y de otros numerosos riesgos
que amenazaban el comercio y diezmaban las caravanas, era enorme. La
posibilidad de sustituir las extensas y costosísimas rutas terrestres por una
ruta marítima, que podría emplear los nuevos buques - las rápidas carabelas -
significaba aumentar enormemente los volúmenes de mercaderías y disminuir en
igual forma los costos. Quien lograra ese objetivo, pasaría sin duda a ser muy
rico y poderoso.
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